Mar

En soledad te hace sanar y lamer tus heridas que, las que piensas que nunca se van a cerrar. También te permite respirar dentro de una ansiedad constante y devastadora. Y te hace encontrarte cuando estás perdido y sin sur.

Imagen propia: El mar desde algún rincón de Málaga.

Dicen que los tonos azules de la ciudad de Málaga son tan especiales como ella misma, más si cabe cuando hablamos del azul de su cielo y del azul de su mar, que, cuando consiguen mezclarse, forman un infinito en el que poder perder la mirada en tiempos de deambular. La foto es del mes de febrero en pleno invierno y aún así vemos una postal tan bella y única que en los meses fríos nos traslada la humedad y la sal de los días de verano.

Una fotografía cargada de elementos marineros, siendo pieza fundamental los pequeños detalles desde el propio enganche de hierro de la barca, que nos sirve de ojo avizor para ver un paisaje tan lleno de paz y tranquilidad que parece que, de forma tímida, nos hace recordar a los componentes necesarios para los ancestros viaje de sales y especias. Recordando de esta manera y homenajeando a una ciudad histórica por sus conexiones marítimas que desde antaño ya llamó la atención de los primeros emigrantes europeos en sus fenicias exploraciones.

También vemos el romper de las olas en su hacer por invadir el espacio que le pertenece al mar, dejando hilos de espuma blanca que nos sirve para añadir un color más a la paleta de colores que es la ciudad de Málaga en todas sus estaciones. Un mar que llegaba hasta zonas cercanas de una catedral manquita de campanas y que formaba parte del paisaje más allá de sus murallas de piedra, haciendo del infinito finito para que desde las atalayas veamos las estrellas vírgenes de luces eléctricas.

Poco más se puede decir de estos bellos colores de un atardecer tan mágico, haciendo que, aunque haga frío en esa época, sea necesario bajar y disfrutar de un cielo que no tiene fin y que inunda de color toda una ciudad, llenando de belleza un alma que tan solo hace por ver el paisaje en tiempos grises y en tiempos que necesita encontrarse uno mismo. Junto a los colores tan carismáticos de esta ciudad que nos hace encontrarnos con fotografías que parecen sacadas de filtros de Instagram.

En esta foto no se muestra todo el esplendor natural y todas las emociones que suscita visitar el mar en tiempos de crisis. Tiempos en los que uno tiene miles de problemas, miles de preguntas sin oportunidad de respuestas y/o miles de latidos arrítmicos de un corazón que bombea al son de los sentimientos y la respiración entrecortada por las lágrimas. Pese a todo ello, nunca imaginé que sentarse frente al mar con una cámara o con un libro, dejando las horas pasar, dejando la mente en blanco y la vida para otro momento, podría ser tan placentero y tan lleno de paz. A mí, que nunca me ha gustado la playa ni el mar, en un profundo hoyo emocional, me he encontrado con una tranquilidad que no lograba hallar, el poder ver más allá de toda la niebla, el soñar que todo será diferente y el vivir la soledad más auténtica y la compañía en los momentos más bellos.

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