Granada II

Un par de fotografías que describen mi forma de ver la ciudad donde perdí el miedo.

Imagen propia: Callejones mágicos del Albaicín.

Una fotografía para enmarcar en mis logros personales. Un callejón para culminar un atrevimiento que surgió de imprevisto y que pude celebrarlo en la ciudad soñada. Y una canción como telón de fondo para un concierto de uno de mis cantantes favoritos en una intentona de volver a la realidad en mitad de una pandemia: “quédate”.

En otra escapada a la ciudad del Albaicín para seguir disfrutando de cada callejón y cada detalle que es capaz de ofrecer la ciudad, y también asistir a uno de los primeros eventos culturales después de la crisis sanitaria, en concreto a un concierto de Diego Cantero, alias Funambulista. En otra parada en el mapa de la ciudad que me gusta definir como la reina de la colmena andalusí, con esa luz tan especial y donde todavía existe el deleite de los monumentos y tesoros de la vida de antes.

De nuevo, en soledad quise volver a empezar una aventura inocente en la que poder encontrarme conmigo mismo en busca del viento a favor de mis pensamientos y mis posibilidades. De nuevo, quise inventar una fotografía sólo apta para viejas postales de amantes que buscan en cada detalle el destello de su amor. Una fotografía realizada después de recorrer todo el barrio del Sacromonte y del Albaicín con letanías del arte flamenco que se respira por la ciudad, y en el que la zona concreta de la imagen es brindada en bandeja después de un alto en el camino obligado para coger fuerzas en un pequeño bar de la zona y así descansar de un sol acusador y una calor tan fiera de los días de verano en Andalucía.

Una imagen sencilla, tomada de uno de los laterales de un simple callejón, queriendo jugar con los tonos ocres y las sombras del momento, resaltando más si cabe por la magia del cielo y la luz en contraste con la oscuridad. Se puede decir que tiene un significado, que tiene un motivo principal: después de cada túnel o callejón en el que no se aprecia más que lo negro, siempre existe un final, un momento en el que todo se despeja y se abre para dejar entrar los colores más vivos. Todo llega -y lo dice alguien muy reticente con el karma- aunque tengas que ir palpando cada milímetro para no caer y apoyarte en las paredes de tí mismo para encontrar una salida.

Como me gusta decir, no es simplemente una imagen en una serie de fotos, se trata de los recuerdos inmortales de la primera vez que fui más valiente que mis miedos y más cobarde que mis sueños, pues se esta vez se han hecho realidad y no son inventos de mis pensamientos. Se trata del principio de algunos momentos en los que es necesario huir para regresar con la tranquilidad de ser uno mismo, tiempos en los que rendirse puede ser positivo si sabes que la batalla está perdida, y deseos de que por una vez todo termine mal para así quitarse un peso de encima y una venda atada demasiado fuerte como para poner en duda hasta los voces de aquellos que te gritan el camino. Siempre me gusta pensar que no es una fotografía que se queda ahí, me gusta pensar que tan solo soy capaz de reflejar algo que muchas personas sienten, o que soy capaz de plasmar un lugar donde sigue existiendo la vida, los recuerdos, los sentimientos furtivos de un instante que creemos eterno pero es tan fugaz que no nos damos cuenta.

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