Pan de limón con semillas de amapola

Dos hermanas que vuelven a fundirse en familia después de tantos caminos sinuosos, ambas de la mano en una aventura buscando el sentido de la libertad en una de las maneras más valientes de romper barreras y techos de cristal.

Durante el invierno de 2010, en un pequeño pueblo del interior de Mallorca, Anna y Marina, dos hermanas que fueron separadas en su juventud, se reencuentran para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer. Son dos mujeres con vidas muy diferentes. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama. Marina viaja por el mundo trabajando como cooperante de una ONG. Mientras intentan desentrañar el secreto que encierra su herencia, tendrán que hacer frente a los viejos conflictos familiares, a la vez que intentarán recuperar los años perdidos.

Esta novela es una historia sobre la amistad femenina, sobre secretos guardados y recetas de pan olvidadas. Pero, sobre todo, es la historia de unas mujeres que aprenden a decidir, con libertad, sobre su futuro.

Cristina Campos nos hace ponernos en la piel de dos hermanas que se han vuelto a reencontrar en una Palma de Mallorca colorida cual paraíso terrenal, llena de recuerdos de juventud y de postales de pueblo pequeñito. Ambas han seguido vidas totalmente diferentes, pero el destino caprichoso ha querido unirlas para de nuevo intentar recuperar todo lo perdido en sus recuerdos y en las memorias de su abuela y de su padre.

Vemos a Anna, una mujer educada en un entorno patriarcal y que lo único que hace es servir a un marido misógino, alejándose de todo tipo de libertad que pueda tener, más incluso lejos de su propia hija y de la manera de entenderse con ella y con sus inquietudes. Ella es la que decide investigar -y dejarse llevar- sobre la herencia en materia de panadería de barrio, haciendo que su amor pueda más que el infierno que ha vivido y vive en casa: viviendo una vida después del maltrato.

Y también vemos a Marina, una mujer con un mundo recorrido a través de sus incansables ayudas y trabajos con una ONG, con un concepto de nómada sentimental y terrenal, y que no quiere seguir las reglas que su madre dictó sobre lo que es “ser buena mujer”. La herencia es una excusa para seguir soñando con la posibilidad de adoptar a una pequeña niña refugiada que salvó de una guerra que todavía sigue cobrándose vidas prestadas.

Cristina es capaz tanto de introducir cada capítulo con una pequeña nota que incluye los ingredientes y la preparación de cada tipo de pan que se pueda hornear, como de hacer que en cada final de capítulo todo gire demasiado rápido y que a tí, lector, no te dé tiempo de agarrarte a nada y estrellarte con lo que es la realidad fuera de la ficción. Aún así, lejos de ser una novela bastante emocionante y tristemente (en algunos casos) no ficticia, es altamente deliciosa la manera de narrarlo todo con tanto mimo, con tanto énfasis en que existen oportunidades que puedan cambiar la vida y que se puedan dar miles de formas de parar y empezar de nuevo, de volver a lo desandado y tomar otro camino.

Una novela tan particular que es capaz de reflejar el amor en todos sus vertientes a través de los diferentes tipos de pan: el amor blanco y familiar entre hermanas; el amor verde maternal entre madre e hija, padres e hijas; el amor dividido por el hilo cortante de la distancia; el amor incondicional de luchar por los sueños también llenos de amor con otra persona; el amor tan juvenil y pasional de infancia que vuelve a renacer bajo el lema de “tenemos algo pendiente”; el amor entre dos sexos que deciden explorar en busca de la inocencia del placer.

Pero también es una novela que duele, doliendo mucho en el alma ver como se sigue educando dentro de los parámetros de una sociedad machista y misógina, y que si no sigues las normas establecidas te van a juzgar y desprestigiar como mujer. También duele ver como se refleja (de forma suave) la senda de un maltratador psicológico y de género. Pero por suerte, ese dolor es sepultado por la alegría y tranquilidad de una vida que renace de nuevo: que decide amar y sentirse amada; dejarlo todo para vivir lo que se merece y le han robado; sonreír frente a un dolor que fue constante y que atravesaba todas las paredes. Es una manera muy dulce de enseñarnos que es posible volver a hacer feliz después de pisar fondo, como también es posible que existan personas dispuestas a renunciar a todo por hacer feliz a esa persona después de tanto sufrimiento.

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