Cristales rotos

Una historia de violencia de género.

Imagen propia: Rincones de Granada.

Igual de rotos que están los sueños de la Ángeles de disfrutar de la pasión del sexo,

sólo porque un día decidiste robarle la inocencia,

sólo porque un día fuiste tan cobarde de aprovecharte de que era una niña.

Igual de rotos que están los niños de la Lola por la falta de su madre y de su infancia,

una infancia destruída por un cobarde que un día decidió que ella no debía de sentir más,

una infancia que no será lo mismo por un cobarde que les arrebató a la madre más cariñosa de todo el barrio.

Igual de rotos que están mis llantos en la ventana cada vez que te marchas,

llantos por lo que un día quise ser y no me dejas soñar,

llantos por lo que un día quise querer y no me dejas volar.

Igual de rotos que están los silencios cobardes de los vecinos de la María,

cobardes porque hoy en día las paredes son de papel y todo se escucha,

cobardes por creer que otro será el que llame a la policía.

Igual de rotos que están los nudillos de la Marina cuando camina sola por la noche,

rotos de la impotencia al tener que soportar las miradas de tu grupito opinando sobre nuestros cuerpos,

rotos de tensión por tener entre sus dedos las llaves, por lo que pueda pasar.

Igual de rotos que están los padres de las Lauras, Paulas o Cristinas de las que sólo nos queda sus nombres en esa larga lista,

sólo nos queda los recuerdos de esas mujeres que una vez fueron y ya no serán,

sólo nos queda la rabia de ver a sus asesinos saliendo a la calle en menos de 1 suspiro.

Igual de rotos que están los jueces y magistrados que no vieron que eso era una violación,

que no vieron que la Lucía no opuso resistencia porque tenía miedo a que la mataran,

que no vieron que estar en grupo y mostrar una navaja ya es motivo para temblar y obedecer.

Cristales que se rompen cada día y que ya ni vemos en las noticias,

cristales por los que luchar para que mis niñas puedan amar, caminar y volar libremente y en cualquier momento,

cristales y no porque seamos frágiles ni débiles ni a las que tienes que cuidar y proteger,

cristales porque simplemente, y a la vista está, somos las más fáciles de romper para después seguir como si nada.

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